Mi vecino el burócrata confinado
Se despierta, hace flexiones, toma su baño y luego fuma, abre su portátil nuevo para trabajar. Se pone una piyama a rayas y agradece piadosamente producir en la tranquilidad de su apartamento en la capital. A medida que el día avanza, las reuniones en Zoom se alargan, apaga el micrófono y la cámara para seguir viendo su serie favorita de Netflix. El sistema no agoniza, mientras ellos trabajen con prisa, al ritmo de los inversores y las líneas de la economía impuestas por el Fondo Monetario Internacional. Analiza las encuestas, responde los correos con diligencia y revisa la prensa con indiferencia de lo que se pueda encontrar. Respira profundo y fuma, las noticias no lo perturban, el país en el mismo estado, sin novedad, hay que trabajar. El medio día llega tan pronto, mientras cumple con el pedido, de actas, decretos y recibos, no importa que el hambre apremie porque el señor de los domicilios ya llegará. Almuerza un buen pescado, con vino blanco y helado, luego del caf...

Comentarios
Publicar un comentario